Misterio
La llave pequeña
Una llave diminuta con su nombre lleva a Cecilia hasta una parte desconocida de la vida de su padre.
Al vaciar el escritorio de su padre, Cecilia encontró una llave diminuta dentro de un sobre.
En el frente decía:
Celia.
Nadie la llamaba así desde niña.
Preguntó a su madre.
—No sé qué abre —respondió Alicia.
Pero evitó mirarla.
Cecilia reconoció esa evasión.
—Mamá.
Alicia suspiró.
—Pregúntale a Teresa Molina.
El nombre no le decía nada.
Teresa vivía a pocas cuadras.
Cuando Cecilia se presentó, la mujer la hizo pasar como si la esperara desde hacía años.
Sacó una caja metálica de un armario.
—La llave es de aquí.
Dentro había cartas, dos fotografías y un par de pequeños zapatos de bebé.
Las cartas estaban firmadas por su padre, Eduardo.
Dirigidas a Teresa.
Cecilia sintió que el piso se movía.
—¿Mi padre tuvo otra familia?
—No.
Teresa sonrió con tristeza.
—Fuimos novios cuando teníamos veinte años. Yo quedé embarazada. Perdimos al bebé.
Cecilia miró los zapatos.
—¿Y después?
—Después nos separamos. Él conoció a tu madre. Yo hice mi vida.
—¿Ella sabía?
—Siempre.
Cecilia volvió a casa con la caja.
Alicia estaba esperando.
—¿Por qué nunca me lo contaron?
—Porque no era un secreto tuyo —dijo su madre—. Era una tristeza de tu padre.
Cecilia encontró una última carta, sin destinatario.
Celia: si alguna vez abres esta caja, no quiero que pienses que hubo una vida escondida. Hubo una vida anterior. Todos tenemos alguna. Tu madre la conoció completa y me quiso igual.
Al fondo de la caja había dos llaves.
Una era la que Cecilia había usado.
La otra tenía una etiqueta:
Alicia.
Cecilia se la entregó a su madre.
Alicia la sostuvo en la palma.
—Nunca quise abrirla.
—¿Por qué?
—Porque él me lo contó todo. No necesitaba comprobarlo.
Guardaron la caja juntas.
No cambió lo que Cecilia sabía de su padre.
Sólo lo volvió más grande.
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