Suspenso
La casa de la curva
Una casa vacía durante treinta años guarda la explicación de una muerte que todos llamaron accidente.
Sofía heredó la casa de su tía Matilde sin entender por qué.
Había estado cerrada casi treinta años, desde la muerte de Elisa, la hermana gemela de Matilde.
La versión familiar era breve: Elisa cayó por la escalera una noche de tormenta.
Accidente.
Matilde se mudó pocos meses después y nunca volvió.
Sofía llegó con la intención de vaciar la casa y venderla.
En el salón seguía el piano.
Recordaba a sus tías sentadas juntas frente a él cuando ella era niña.
Abrió la tapa. Varias teclas estaban amarillentas.
Pulsó un do.
Sonó otra nota distinta, desde el interior.
Pensó que una cuerda se había soltado.
Esa noche escuchó música.
Bajó.
El piano estaba cerrado.
Al día siguiente llamó a un técnico. Cuando retiraron la tapa superior encontraron un viejo mecanismo de pianola oculto en el interior, conectado a un rollo perforado.
—Puede activarse con vibraciones o cambios de tensión —dijo el técnico—. Está muy deteriorado.
Eso explicaba la música.
Debajo del mecanismo había un sobre.
Para Matilde.
Sofía dudó antes de abrirlo.
La carta era de Elisa.
No hablaba de fantasmas ni secretos románticos. Hablaba de una pelea.
Elisa había decidido irse de la casa. Matilde no quería quedarse sola cuidando a su madre enferma. Discutieron en lo alto de la escalera.
No me empujaste, había escrito Elisa.
Me agarraste del brazo. Yo me solté. Si alguna vez pasa algo, no conviertas tu culpa en una mentira.
La carta estaba fechada dos días antes de la muerte.
Sofía llamó a su madre.
Hubo un silencio largo.
—Matilde decía que la empujó.
—La carta dice que no.
—Nunca quiso leer nada que pudiera perdonarla.
Sofía entendió entonces por qué la casa había permanecido cerrada.
No protegía un secreto.
Protegía una culpa.
Esa tarde llevó la carta al hogar donde Matilde había pasado sus últimos meses. Una enfermera recordó que hablaba de su hermana casi todos los días.
—Siempre decía que si volvía a la casa, el piano iba a tocar.
Sofía vendió la propiedad seis meses después.
Antes de entregar las llaves, se quedó sola en el salón.
El mecanismo del piano ya había sido retirado.
Pulsó una tecla.
Do.
Cerró la tapa.
Cuando llegaba a la puerta, escuchó una única nota detrás de ella.
La que Elisa tocaba siempre para llamar a Matilde cuando eran niñas.
Sofía no regresó a comprobarlo.
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