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Tecnología y vida

El turno de Ernesto

Ernesto necesita hacer un trámite sencillo. Una hora y media después todavía está demostrando que es él.

Ernesto necesitaba un turno.

Nada más.

Entró en la web.

Inicie sesión.

No recordaba la contraseña.

Recuperar contraseña.

Llegó un correo.

Cambió la contraseña.

No puede utilizar una contraseña anterior.

Probó otra.

Entró.

Enviaremos un código a su teléfono.

El código llegó.

Lo escribió.

Código vencido.

Pidió otro.

Llegaron dos.

Usó el equivocado.

La sesión se cerró.

Volvió a empezar.

Finalmente llegó a:

Seleccione una fecha.

Había una.

La tocó.

Ese turno ya no está disponible.

Ernesto se levantó, preparó café y regresó.

Apareció otro turno.

Lo tomó.

Confirme su identidad.

—¿Otra vez?

Documento.

Foto.

Código.

Confirmar.

Turno reservado.

Ernesto respiró.

Entonces apareció una encuesta:

¿Qué tan sencillo fue realizar este trámite?

Opciones:

Sí.

Muy sencillo.

Ernesto buscó una tercera.

No había.

Cerró la página.

Al día siguiente contó la experiencia en la oficina.

—¿Quiere presentar un reclamo? —preguntó una empleada.

—No. Quiero saber si la encuesta se puede responder en papel.

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