Tecnología y vida
El correo que casi le cuesta el viaje
Un mensaje parece venir de la aerolínea y conoce todos los datos correctos. Justamente por eso resulta tan convincente.
Mónica recibió el correo tres días antes del viaje.
IMPORTANTE: su vuelo ha sufrido una modificación. Confirme sus datos para conservar la reserva.
El mensaje tenía su nombre.
Destino.
Fecha.
Número de vuelo.
Logo de la compañía.
Todo parecía correcto.
El botón decía:
Confirmar reserva.
Mónica estuvo a punto de tocarlo.
Recordó una regla que había aprendido hacía poco: si un mensaje genera urgencia, no entrar desde el propio mensaje.
Cerró el correo.
Abrió la aplicación oficial de la aerolínea.
Su vuelo seguía igual.
Llamó al teléfono oficial.
—Ese correo no es nuestro —le dijeron.
Mónica volvió al mensaje.
Ahora los pequeños detalles parecían más visibles: una dirección de remitente extraña, una palabra mal escrita, un enlace que no coincidía con la web oficial.
Lo eliminó.
Dos días después recibió otro mensaje:
Cambio de puerta de embarque.
Esta vez también desconfió.
Entró en la aplicación.
El cambio era real.
Su marido se rió.
—Ahora no vas a creer nada.
—No. Ahora voy a comprobar.
En el aeropuerto llegó a la puerta correcta.
Mientras esperaba, miró el teléfono.
Había entendido algo que le resultó más útil que cualquier lista de estafas:
La seguridad no consistía en tener miedo de todos los mensajes.
Consistía en saber dónde verificar.
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